martes, junio 1

Rodrigo


La cercanía mutua nos estaba confundiendo y decidimos dejar pasar una semana antes de vernos.

Tres días más tarde cogí un avión a la costa otra vez a casa de mi amiga Lucía, que esta vez si estaba en casa. Le conté detalladamente lo acontecido, el contacto casi imperecedero de Fran en mi casa y en mi vida, las aventuras de ambos, etc.

Lucía sentenció que necesitaba salir y ver gente nueva, no fuera cosa de que me fuera a enamorar. Nos fuimos a una disco esa misma noche. La noche en que conocí a Rodrigo. Ojos azules y …nariz grande. Rodrigo, con la libertad a flor de piel y con muchas ganas de guerra.

Bailes, copas, más baile, menos copas. Sensualidad a tope que acabó en el asiento delantero de su descapotable negro. Sus manos de dedos largos y finos me hicieron olvidar de Fran por un buen rato.

Sexo sin remilgos, sin promesas de ningún tipo. Lujuria y desenfreno sin besos de amor como se han convertido los nuestros ya, mal que nos pese.

domingo, mayo 30

¿Estás?


Te espero desnuda,

ardiente,
caliente,
sensual.
Te espero desnuda,
excitada,
mojada,
sexual.
Te espero desnuda.
¿Estás?



jueves, mayo 27

Conclusión


Una vez acabada la particular ceremonia del té, me pidió que antes de recoger me desnudara igual que lo había hecho antes él. Demoré más de media hora en recoger, lavar y secar a mano dos tazas … y desnudarme. Lo miré, lo recorrí palmo a palmo con la mirada. Vi su erección comenzar y crecer hasta más allá de su límite. Vi gotas de sudor resbalar por su cuello. Sentí mi humedad una vez más chorrear y una gota acariciar mi pierna. Noté mi sexo latir una vez más como un caballo desbocado, mi corazón acelerarse al punto de desear llorar de amor por ese hombre. Me contuve.

Caminé en silencio hacia el salón y mirándole a él mirarme desde la cocina me acaricié los pechos y los muslos con total ausencia de prisas o celeridades.

Se acercó a mí como un gato al acecho. Dibujó el contorno de mi cuerpo y su mano se deslizó por mi anatomía, de pie, entregada, a su merced.

Temí que fuera tarde hasta para implorar, pero vi su sexo elevado deseoso de mi. Me giró y me apoyó sobre la pared y levantó mi pierna penetrándome en cámara lenta un par de veces. Se despojó de mí y fue a sentarse al sofá. Me hizo hueco. Mientras besaba mi cuello acariciaba mi clítoris pidiéndome que mirase su mano sobre él. Deslizó sus dedos dentro de mi más profundo ser con rapidez, luego despacio hasta detenerse justo en el punto donde empieza a comenzar la vertiginosa montaña rusa de sensaciones.

Me giró dejando mi retaguardia expuesta y mojó mis partes con mis propios jugos. Metió un dedo, luego dos arrancando gemidos de dolor. Me embistió duramente mientas su dedo rodeaba mi clítoris enorme, mojado, expuesto. Grité, gemí, gocé, sufrí poniendo fin la la tortura auto-impuesta que mis fantasías habían provocado.

martes, mayo 25

Basta de masoquismo



El silencio invadió la casa. Fran duchado y vestido se acercó a mi y me miró profundamente interrogante. Sonreía escasamente. Le sonreí y serví el Earl Grey con esmero y en silencio.

Fran rompió el hechizo:

- ¿Pero es que no te apetece?

- Estoy hirviendo como el té. No te vayas a quemar.

- ¿Contigo o con el té?

- Con el té, cariño

- Entonces no te apetece…

- Yo no he dicho eso.

- ¿Entonces?

- Entonces quiero aguantarme hasta que me estallen las ganas de que me toques. Entonces quiero aguantarme hasta tener que suplicarte que me toques. Y luego desearte hasta morir de ganas de hacerlo contigo.

- ¿Y eso cuando viene a ser?

- No seas impaciente.

domingo, mayo 23

Sado no, pero casi


Cumplir fantasías está en nuestros planes desde siempre. Esa noche estaba yo a mil ya antes de que llegara Fran. Había estado leyendo blogs y eso, como ya sabéis, me pone a cien.

Me desnudé frente al espejo, me puse unas gotas de perfume donde se debe y así lo esperé, sentada en el sillón de la habitación durante una larga hora mojándome al pensar en lo que vendría. Sentía mi sexo palpitar.

Entró en la habitación y al verme comprendió (o al menos eso pensó) de qué iba la sorpresa. Le dije que no me tocara. Le pedí que se desnudara. Verlo hacerlo casi en cámara lenta me ponía aún más pero reprimí mis ganas incontrolables de tocarme o de pedirle que lo hiciera él.

Se tumbó en la cama boca abajo como le pedí. Me puse en cuatro aptas sobre él pero sin tocarlo más que con mi lengua que serpenteó sobre su espalda. Desde el tronco del cuello hasta su rabadilla. Sentí su cuerpo tensarse en ese punto. Un sudor repentino le cubrió la espalda. Se quejó, le pedí silencio.

“Miedo me das, cielo”

Seguí a mi ritmo, lentamente, de arriba hacia abajo, deteniéndome en cada detalle de sus espalda. Sentía como mi sexo se hinchaba cada vez más, como palpitaba, como seguía humedeciéndose, como una gota de flujo transparente resbalaba por mi entrepierna. Subí sus caderas lo suficiente como para poder tocar su sexo con mi mano izquierda y notarle retorcerse de placer. Acaricié su glande con delicadeza. Fran gimió y me imploró que siguiera hasta que mi dedo índice intentó penetrarle. Dio un respingo, se giró y me miró como asombrado ante mi osadía.

-Calla, date la vuelta y goza.

-Pero cielo…

- Que te des la vuelta y confíes en mí.

Increíblemente accedió a mi orden aunque no muy convencido.

Volví a ponerme en mi postura, Volví a coger su miembro ahora un poco menos erecto, Seguí lamiendo su espalda y cuando lo sentí entregado, volví a repetir mi hazaña. Fran solo gemía, saqué mi dedo índice y lo cambié por el dedo corazón mientras mi otra mano seguí su camino arriba y abajo de su miembro. Cada vez que lo notaba a punto de estallar, lo soltaba y metía más mi dedo dentro de él. Fran protestaba, yo seguía. Quería arrancarle emproperios. Me costó pero lo logré.

Seguí jugando duro con su sexo y en el momento mismo de su orgasmo más preciado metí dos dedos dentro de él arrancándole un orgasmo lento, largo, inusitado. El charco del blanco elemento quedó bajo la piel de Fran. Besé su espalda, su cuello, sus brazos.

Cuando giró complacido y avergonzado, según sus propias palabras, me vestí y bajé las escaleras para preparar algo de té.

viernes, mayo 21

Leila


La llamaré así. Quedamos en conocernos ese mismo día por la tarde. Quedamos en la cafetería de la esquina de mi oficina. Yo estaba algo nerviosa. Apareció perfecta, bella, impactante. Beso de cortesía, sonrisas, charla amena y distendida sobre los blogs, sobre la vida, sobre Fran…

Una mano rozó sinquererqueriendo a la otra. Huimos de allí. Otro bar, una barra. Manos enredándose, camarero curioso. Labios rozándose, lenguas besándose, camarero sonriente . Manos deslizándose debajo de las blusas, camarero cómplice. Un lavabo del bar fue testigo…

Sus dedos dentro de mi cremallera, los míos debajo de su falda, dentro de su sexo expuesto a la brisa de la tarde que entraba por un ventanuco. Nos besamos como dos colegialas deseosas de sexo, como dos mujeres buscando ternura y morbo a la vez. Me sentó en su falda y me arrancó el primer orgasmo. La puse de pie en y me la comí entera con su falda de sombrero y su risa de niña grande. Sus dedos me penetraron, se mojaron y me desgarraron de placer apoyada en la pared del minúsculo habitáculo. Le correspondí agachada a su merced mientras despeinaba mi pelo como pidiéndome más y marcando el ritmo.

Fran sintió no haber podido ir conmigo cuando se lo conté, así que de puro celoso, me pidió un replay en el baño del mismo bar dos noches más tarde.

miércoles, mayo 19

Melodía perfecta


-No se si te lo dije, cariño, pero el orgasmo de anoche delante de la mesa fue magistral. Sentí como si pasaras la vara de un violín sobre mi clítoris, como si tocaras sobre mi tu mejor y más grande obra maestra.

- Pues será entonces cuestión de comprarnos un violín, cielo… para poder tocar en tí la más sensual de las melodías...